¿Bendita Primavera?
Adiós invierno. Hola primavera.
Adiós al frío, al viento, a la nieve,
a la lluvia continua, a las pocas horas de luz…
Bienvenido el calor, las nubes de
algodón con sus chaparrones cortos, la luz que el Sol nos da por más tiempo…
Todo lo que nos agobia del invierno se
va en primavera. Y no echamos de menos el blanco de la nieve porque tenemos el
color de las flores. Ni los cafés y el chocolate caliente, porque tenemos la
cerveza y los refrescos. Las flores, los arbustos y los árboles con sus brotes
y hojas nuevas, los pajaritos cantando, el croar de las ranas al Sol…
¿Y en la vida? ¿Qué pasa a lo largo de
nuestra vida? Porque de la niñez a la edad adulta, pasando por la adolescencia,
también hay cambios.
La ingenuidad de cuando somos niños,
la dependencia que tenemos de quien nos quiere y nos educa, va cambiando poco a
poco en la adolescencia. Es como si las largas horas de siesta de cuando somos
más pequeños nos recordasen al invierno. Porque estamos al resguardo del frío, de
la lluvia, de la nieve… y la oscuridad de la habitación nos recuerda a esas
pocas horas de Sol.
Vamos creciendo y las horas de siesta
se van reduciendo. Y pasamos a jugar con nuestro peluche favorito y con los
puzles y conocemos la otra parte de la realidad a través de la pantalla de la
tele, del ordenador…
Y llega la adolescencia. Con ella
cambiamos el chocolate caliente y los cafés del hogar por los refrescos y las
cervezas con los amigos. Y las preciosas flores de primavera son esa persona
que hace que nos sintamos distintos, alegres… el primer amor, el primer beso.
Con largas conversaciones por teléfono como los trinos de los pájaros y la
bronca de los adultos como el croar de las ranas en la primavera.
Ay, la primavera…
Y de repente… ¡horror!
¿Ya se me había olvidado? ¿Había
olvidado el polen? Los insectos, los cambios bruscos del tiempo con la lluvia
cuando no la esperas. Porque “en abril, aguas mil”, dicen.
Pues empezamos otra vez. Con
estornudos sin fin, esa tos que no te deja dormir, la piel que te pica, esa
abeja que te amenaza si te acercas a su flor... y el regalo del pichón de la
paloma en tu cabeza o los bichos que te pican si te acuestas en el césped.
Hemos dejado atrás la adolescencia.
Hemos crecido. Hemos estudiado. Tenemos un trabajo.
¿Todo bien, entonces?
Nos tropezamos con la cruda realidad.
Ya no jugamos, ni dormimos siesta, ni nos arropa un ser querido. No tenemos
tiempo para esa cerveza con los amigos cuando el calor aprieta, ni para el
chocolate caliente en pleno invierno cuando el coche falla y tienes que caminar
bajo la lluvia para llegar a tu puesto de trabajo.
Qué recuerdos más dulces guardados en
ese rincón de nuestra alma. Incluso la rebeldía de la adolescencia nos parece
muy lejana.
Pero es la vida. Primavera, juventud…
Reflexiono: ¿Y si en el fondo hubiese
preferido que no llegara? ¿Y si pudiésemos pasar al verano directamente? ¿Y
si…?
Reflexionando… llego a una simple
conclusión: si ponemos todo en una balanza, creo que me quedo con ella a pesar
de todo. Con esa primavera. Porque en el fondo sé que algo magnífico va a
suceder que hará que se aleje toda la oscuridad y sólo vea la luz. La luz de
las cosas que, aunque parezcan pequeñas, resuelven las dudas y me permiten
seguir.
Ya usaré un spray, me tomaré un
antialérgico y evitaré los bichos. Pero disfrutaré de la explosión de vida, de
color, de calor, de campos recién sembrados, del dulce canto de los pájaros,
del croar de las ranas y del zumbido de los insectos.
Desearé poder disfrutarlo todo con la
mayor intensidad posible. Porque si podemos,
debemos hacerlo. Porque la vida es
eso: etapas que se van sucediendo. Etapas que tendrán momentos buenos y otros
no tanto, pero que inexorablemente pasan y hay que ir guardándolas en el baúl
del alma.
Así que sí...
Bendita primavera.
– LolaStop
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