Confianzavirus
Ante la gestión del gobierno
frente a la crisis del coronavirus, la población de forma generalizada,
presencia con estupor los mensajes enviados por este. Quizás porque desde un
punto de vista geocentrista de la vida, pensaban que este infame gobierno
estaba preocupado por todos y cada uno de ellos, por encima de cualquier otro
tipo de interés.
Los mensajes contradictorios
enviados por el Ministerio de Sanidad, en especial, en lo referente al correcto
uso de las mascarillas, parecen confundir a una gran parte de los ciudadanos,
pues estas indicaciones parecen ir en contra del sentido común de la mayoría
del pueblo llano. Llegados a este punto, podría ser razonable preguntarse si el
principio de Hanlon sería capaz de explicar este fenómeno: “Nunca atribuyas a
la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez”. Entonces, ¿Es malvado
el gobierno?¿O es estúpido? Seguramente ninguna de las dos cosas, y me explico.
En mi opinión hemos llegado a estas conclusiones precipitadas, por partir desde
un punto de vista inicial que probablemente diste mucho de ser el acertado,
pues partimos desde el punto de vista, de que el gobierno quiere contarnos solo
y nada más que la verdad, pero pensándolo bien, ¿Porque iba este criminal
gobierno a querer contarnos la verdad? Quizás contándonos la verdad podrían
fomentar que todos y cada uno de nosotros intentásemos conseguir un bien
escaso, como parece ser que son las mascarillas, desde que algunos gobernantes
se durmiesen a la hora de afrontar esta pandemia que azota a todos los países,
y en especial, a aquellos cuyos gobiernos tienen la peligrosa costumbre de
llevar a cabo siestas más largas de lo médicamente recomendado. Nuestro egoísta
interés en proteger a toda costa nuestras insignificantes vidas, podría ser
contraproducente con el interés del gobierno, de disponer del máximo número de
mascarillas, necesarias para poder cumplir con los sanitarios, que a lo mejor
están empezando a cansarse de canciones y aplausos.
El gobierno nos miente como si
fuésemos idiotas, porque saben que lo somos, no tienen la menor duda, y lo
saben no porque nos conozcan, sino porque se conocen a si mismos, y solo unos
idiotas pueden ser tan fáciles de engañar como para poner a unos individuos
como ellos a dirigir este barco.

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