Maldita dulzura
Buenas tardes a todas y
todos.
Comienzo mi andadura en
este blog sin mucha idea acerca de que escribir ni cómo hacerlo. Reconozco que
de pequeño me gustaba crear historias, sobre todo policíacas (debe ser por la
influencia en casa, perdón), y también admito que he comenzado infinidad de
ellas sin apenas terminar más que un puñado de patrañas, las cuales nunca eran
redondas… Bueno… Está claro, si hubieran sido redondas y buenas ahora mismo mi
cara estaría en las librerías y revistas del país y no me encontraría mirando
por la ventana como un tonto, escuchando Vetusta Morla e intentando pensar
sobre qué demonios escribir en mi ordenador… ¿o tal vez sí?
El caso, que me lío,
estoy aquí, impulsado a este blog por buenos amigos, escribiendo mi primera
entrada en esta bitácora. Confieso que todavía no se si tendré una temática única
sobre la que expresarme o, sin embargo (como opción más probable), cada entrada
tendrá una vida e identidad propia, versando sobre los asuntos más diversos y
conformando una especie de amalgama tratante de materia diversa, a veces
aburrida, a veces sentimental, insegura, testaruda, valiente, sagaz, vehemente
y pasional… Como el actual dueño de estas palabras, ya que estas dejan de
pertenecer a alguien en el momento que otro las lee.
Por el momento sólo os
contaré lo que debería estar haciendo en estos momentos si la vida fuese
normal. Ahora mismo, yo y unos cuantos amigos deberíamos estar sirviéndonos el
segundo o tercer “kalimotxo” en la zona de acampada del Viña Rock.
Estaríamos casi destrozados, ya que se trataría del último día de festival,
pero motivados a divertirnos y cerrar de la mejor manera posible estos 4 días
de alegría, lucha, compromiso, diversión y música.
Seguramente Andrea y
Carmen charlarían sobre algún tema sin importancia y estarían planeando la
siguiente incursión al baño, ya algo piripis. María estaría arreglándose en la
tienda mientras duda en contestarle al chico al que la noche anterior le dio el
teléfono y del que ya ni se acuerda. Pri, que al final se animó a venir,
estaría cargando la batería del móvil mientras se sirve un copazo y piensa en
su próxima jugada en Instagram o Tik Tok dada su efectividad las
noches anteriores. Juan y yo estaríamos apurando una buena cerveza con un
ajedrez y la tricolor entre ambos, me estaría machacando muy probablemente y ya
todos estaríamos deseando ir a la zona de conciertos. Por último, Leti, bueno,
Leti al final se habría quedado en casa, así que…
Eso sería lo que
estaría haciendo si a las 18:25 del 2 de mayo de 2020 la vida no se hubiese
paralizado hace ahora 48 días. Pero Andrea está ahora mismo en la UCI de
Pediatría del Clínico, Carmen a unos metros de mí acostada en el sofá, Pri creo
que estará recuperando su rodilla en su gimnasio en casa, de María y Leti no
tengo ni idea, pero están demasiado lejos y Juan está trabajando en Pontedeume.
Triste, dura y difícil realidad.
Así que, me encuentro,
como ya dije antes, mirando por la ventana, como un tonto, frente a Compostela,
esperando a que den las 20h para bajar a dar un pequeño paseo; sin todavía idea
alguna sobre qué escribir la próxima entrada, con una sensación envolvente de
tristeza, motivación e incluso morriña, pero con la certeza de que volveremos a
ese 2 de mayo ideal.
Maldita dulzura, la
vuestra.

Comentarios
Publicar un comentario